Para acabar con las recomendaciones que nos hizo el chef Juan Carlos Sánchez, del Restaurante Es Portal, el primer fin de semana de julio de 2017 fuimos al Vicus de Pals. De los tres restaurantes que recomendó este es el más flojo con diferencia. Vicus, que abrió el año 2011, está situado en el casco urbano de Pals al lado del histórico Hostal Can Barris. De hecho, el restaurante se encuentra donde antiguamente estaba el café y comedor del hostal. El chef es el Damià Rafecas.
Para hacer la reserva no tuvimos ningún problema, llamada el viernes para ir el sábado a cenar. El local no me gustó. Al entrar te encuentras en una sala amplia donde se ubica el recibidor, un comedor y, al fondo, la cocina. Dispone de dos pequeños comedores más en salas contiguas. La decoración muy austera y muy poco acogedora, la iluminación es triste y los comedores con una acústica deficiente, que los hacen muy ruidosos. No me llegué a encontrar cómodo.
En Vicus tienes la opción de la carta, con entrantes para compartir, arroces, pescados y carnes. Una carta corta pero equilibrada que puede satisfacer a todo el mundo. También dispones de una opción de tres menús: uno diario al mediodía en 18,50 euros, uno de arroz a 39,50 euros, y un menú degustación que tiene un precio 49,50 euros. Los dos últimos sin bebida.
La carta de vinos es bastante amplia y muy bien escogida. Optamos por un vino del Montsant. La Coma del Genís, un vino tinto suave que envejece seis meses en barricas de roble y que elabora la bodega Orto Vins. Un vino monovarietal de albillo que se recolecta en una pequeña parcela que sólo permite la elaboración de 300 botellas. Es un vino que debe ser bueno desde el momento que en la etiqueta se puede leer “Vino para la gente que quiero”. El precio del vino en el restaurante es de 21 euros, teniendo en cuenta que en el mercado lo encuentras por entre 13 y 15 euros, se ha de poner en valor que no cargan el precio en este apartado.
Elegir un vino por un menú degustación suele ser muy complicado. Una opción es decantarse por el maridaje, si es que lo ofrecen. Así dejas al sumiller y al chef la responsabilidad y es una elección que se convierte en una oportunidad de cátar vinos y combinaciones especiales y valientes. En el Vicus no tienen esta opción. En estas ocasiones, normalmente, opto por un vino blanco mineral, a ser posible con madera, o por un vino tinto joven con poca madera. En definitiva, intento escoger vinos sencillos, con poca complejidad, que se limiten a acompañar los platos y que no quieran tomar el protagonismo. En ocasiones, dependiendo del numero de comensales quizás una buena opción es cambiar de vino a medio menú. El vino fue un acierto, sutil, delicado, agradable y fácil de beber. Un acompañante perfecto para el menú que escogimos.
Nos decidimos por pedir el menú de degustación. El menú está compuesto por dos entrantes, un pescado y una carne. Para empezar los berberechos, calabacín y limón. Una combinación valiente y que funciona muy bien. Dos aportaciones al entrante. Los berberechos podrían ser de mejor calidad, un punto más grandes y naturales. En segundo lugar decir que el plato más que un entrante era un canapé. Si el menú de degustación tiene treinta platos es razonable cantidades así de pequeñas, pero en un menú donde se servirán cuatro platos no molesta un poco más de volumen.
El menú continúa con carpacho de pies de cerdo con langostinos. Tengo debilidad por esta combinación de mar y montaña, sencilla y funcional. En esta ocasión un elemento en el plato me distorsiono la combinación. El chef añade una parmentier de patata que se constituye en protagonista y mata el gusto de langostinos y del carpacho de pies. Quizás un poco de este elemento, para suavizar el plato, seria suficiente.
El menú continúa con carpacho de pies de cerdo con langostinos. Tengo debilidad por esta combinación de mar y montaña, sencilla y funcional. En esta ocasión un elemento en el plato me distorsiono la combinación. El chef añade una parmentier de patata que se constituye en protagonista y mata el gusto de langostinos y del carpacho de pies. Quizás un poco de este elemento, para suavizar el plato, seria suficiente.
El plato de carne y el de pescado son actualizaciones de platos tradicionales. Así el menú continúa con suquet de escrita. Esta es la creación del chef que más me gustó. El suquet esta deconstruido con gracia por lo que la combinación queda muy lucida, sabrosa y respetando la esencia del plato tradicional. Sólo detecté un error que no es del plato sino del orden del menú. En el plato anterior está la parmentier, que estropea más que favorece, y vuelve aparecer en aqueta ocasión, ya que la patata del suquet está presentada en esta forma.
El plato de carne y el de pescado son actualizaciones de platos tradicionales. Así el menú continúa con suquet de raya. Esta es la creación del chef que más me gustó. El suquet esta desconstruido con gracia por lo que la combinación queda muy lucida, sabrosa y respetando la esencia del plato tradicional. Sólo detecté un error que no es del plato sino del orden del menú. En el plato anterior está la parmentier, que estropea más que favorece, y vuelve aparecer en esta ocasión, ya que la patata del suquet está presentada en esta forma.
A continuación salió el rabo de buey deshuesado con flor de calabacín rellena de queso y albahaca. La evolución sobre el plato clásico es el de haber deshuesado la carne y presentar el corte moldeado. De todos modos, a pesar de la presentación, eché de menos la jugosidad y suntuosidad de este plato cuando lo tomas de la forma clasica. La cocción tenía algún defecto que afectaba al gusto y la textura.
Para finalizar, los postres: nos llevaron el crocante de tofe y frutos secos. Una combinación de helado de nata y de avellana resultona y sabrosa que fue un buen colofón para la cena.
Toda la comida nos costó 126 euros. La comida está bien pero no está de acuerdo con el precio. Me voy con la triste sensación de haber pagado más de lo que realmente tomamos. Una cierta sensación de estafa. Pequeña, pero estafa. Salí con la sensación de haber estado en un restaurante triste y poco acogedor, con un servicio lento y no especialmente atento, y con un precio por encima de lo que comí y bebí.
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