Granja Elena es un pequeño restaurante ubicado cerca de la Plaza Cerdà donde conviven dos propuestas diferentes. La de la mañana, a partir de las siete, donde puedes comer un desayuno de cuchillo y tenedor, o optar por algún bocata de un largo surtido; y la del mediodía, con una carta de platos de corte tradicional elaborados por un buen cocinero: Borja Sierra. De servir un bocadillo de lomo con queso a servir tartar de tomate con anguila y emulsión de soja sólo pasan unas horas. El turno de la mañana moviliza a los vecinos y trabajadores de los alrededores y el turno de mediodía atrae a clientes de otras regiones en un ejercicio de peregrinación gastronómica.
Cómo puede ser que un lugar pequeño, ruidoso, incómodo y alejado del centro de Barcelona se haya convertido en un lugar de peregrinación gastronómica? Es fácil de responder: la calidad de su cocina y del cocinero que la dirige. En Borja Sierra ha conseguido hacer evolucionar platos de corte tradicional a un nivel superior. En definitiva, se trata de uno de esos lugares donde puedes degustar unos «callos» con cabeza y pata exquisitos y servidos con generosidad.
El Restaurante nació en 1974 de la mano de Olga Calvo y de Abel Sierra. Se inauguró como bar y charcutería, con Olga poniendo la pericia en los fogones y Abel ofreciendo productos gourmet en un ejercicio de anticipación comercial. El aspecto inicial era el de un bar, una barra con unas pocas mesas similar a muchos de los que se abrían en Barcelona en aquella época. Desde sus inicios se convirtió en un lugar de bastante éxito, donde acudían a desayunar y comer trabajadores de la zona para probar los platos que elaboraba la ama.
En estos casi cincuenta años de vida de Granja Elena han producido algunos cambios pero la esencia sigue siendo la misma. La modificación más importante ha sido la generacional. Ahora el Restaurante lo llevan los hijos de los fundadores: el Guillermo, Patricia y Borja Sierra. Otro de los cambios significativos es el relevo de la dirección de la cocina de madre a hijo. En Borja Sierra integra en la oferta de Granja Elena los conocimientos adquiridos después de formarse en importantes cocinas españolas entre las que destaca el Restaurante Zuberoa .
Las principales influencias del cocinero son su madre y el chef Hilario Arbelaitz con lo instruyó durante un año. Estas influencias se constatan en la elección del producto y en la lealtad a la cocina más tradicional con un toque de refinamiento y modernidad. Borja Sierra es un gran cocinero que podría tener éxito en cualquier restaurante pero ha preferido quedarse en el negocio familiar. Se trata de una persona que se ha mantenido leal a sus raíces, a la familia ya sus maestros.
Con el cambio generacional, en el local, también se realizó una pequeña remodelación. Se retiró la barra que le daba aspecto de bar, dejando espacio para más mesas. El comedor sigue siendo pequeño y la barra se encuentra en el fondo del local, separando una cocina diminuta, donde se mueven con precisión tres cocineros, de la sala. En la sala se disponen unas doce mesas y en las paredes hay colgadas todo de pizarras donde se pueden leer las ofertas del día, tanto de comida como de beber. La remodelación ha conseguido no perder el ambiente descuidado, cercano e informal que tenía el local original. Se trata de uno de esos espacios en que la incomodidad tiene un cierto encanto.
Granja Elena abre de lunes a viernes, a partir de las siete de la mañana sirviendo desayunos y después de la una de la tarde sirviendo las comidas a una clientela más sibarita y refinada. No hay servicio de cenas y los sábados también tienen abierto unas horas, pero sólo por la mañana. La propuesta de la mañana se de bocadillos y platos como huevos fritos, garbanzos con butifarra del perol, judías con cocochas, tortilla de bacalao, fricandó, callos y otras raciones de cocina sencilla. También puedes desayunar un café con leche con una tostada, o un croissant o un chucho de la Pastelería Lis.
Al mediodía la carta está más elaborada pensada para una clientela más exigente. En la cocina empiezan a elaborar platos como picadillo de salmón con erizos y vinagreta de clara; rissoto de trufa y foie; angulas de Aguinaga; tartar de solomillo de vaca a la mostaza; callos con pisto; o alpargatas con huevos rotos. Todo un surtido de raciones generosas, bien elaboradas con una selección de producto excelente. Una carta que alterna elaboraciones clásicas con combinaciones más modernas, pero sin perder la tradición y que va cambiando con la temporada.
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Las claves del éxito de Granja Elena son su carácter familiar, el ambiente informal y casero, una propuesta de cocina tradicional bien elaborada, algunos platos más creativos por los aventureros, otros que incorporan productos gourmet que dan satisfacción a los clientes más elitistas, raciones con volumen y una selección de vinos. Una propuesta inteligente que puede satisfacer a cualquier cliente exigente, que percibe la informalidad, el ruido y la incomodidad como una singularidad atractiva. Es un restaurante de cocina confortable en un espacio poco confortable con dos características que no se pueden obviar: no es un lugar económico y siempre está lleno.
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