AGRESTE – Barcelona

El Restaurante Agreste, antes Mala Hierba, está situado en lo alto de la montaña del Carmel junto al parque de la Creueta del Coll, en Barcelona. Dirigiendo la Sala está Roser Asensio y en la cocina, su pareja, el chef milanés Fabio Gambirasi. Ambos han dejado su personal huella en el restaurante, que se concreta en la sostenibilidad, el consumo responsable y ecológico, la presencia de un huerto en la parte superior del local que provee a la cocina de algunos productos y la influencia italiana en algunos de los platos que ofrecen. La sostenibilidad, la vocación ecológica y el consumo con responsabilidad se aprecian con prácticas como ofrecer productos ecológicos y naturales, al tener un huerto donde cultivan verduras, hierbas y flores; en hacer  abono con los restos de la comida para reducir lo que se tira, al servir agua potable que producen ellos mismos y en reutilizar el agua para regar el huerto. Una declaración de intenciones que no implica que el restaurante sea vegetariano o vegano, que la carta esté rellena de productos naturales o dietéticos, o que la pretensión sea la de venderte superalimentos. NO !, no es un restaurante sectario. Lo que encontrarás es una cocina realizada con buenos productos de mercado ecológicos y naturales Llegar al lugar es una aventura que te lleva a un lugar de Barcelona muy poco conocido. Alejado del corazón de Barcelona, en un barrio de fuertes rampas y muy poco glamour, hace que sea necesario un punto de fe gastronómica para acudir. Yo la tuve y manifiesto que vale mucho la pena. Hay que decir que la parada del metro del Coll i la Taixonera está a menos de 150 metros de la puerta. El “sacrificio” del desplazamiento no puede ser una excusa para no acudir. El Agreste-Mala Hierba está en una antigua cochera de autobuses que data de 1921 y que posteriormente fue la antigua Casa Fausto. Restaurante que ahora lo podemos encontrar en la calle Muntaner en forma de Vermuteria. El cambio en el negocio se realizó hace dos años y en este tiempo el Agreste ha estado dando guerra y abriéndose camino. Incluso, no hace mucho, el Ayuntamiento de Barcelona lo eligió como el mejor de la ciudad en calidad gastronómica en la primera edición de los Premios Barcelona de Restauración. Reconocimiento que premia el recorrido gastronómico avalado por los clientes del barrio, vecinos y sus diversas asociaciones.
agreste Mala Hierba Restaurante
La sala es sencilla y no muy grande y está dispuesta alrededor de la cocina que está en un lugar central. La cocina está cerrada pero por los ventanales, colocados de manera estratégica, se controlan todas las mesas. De hecho, Fabio Gambirasi no pierde detalle de cómo se desarrolla el servicio desde estos miradores. El recibimiento fue cordial, cómodo y familiar. Nos sentamos en una mesa para cuatro, nos trajeron agua bien fría y las cartas para empezar a pensar lo que comíamos. Ofrecen un menú diario de 14 euros, uno de fin de semana de 20 euros, y un menú degustación de diez platos que puede variar de un día para otro, según los productos disponibles. Este último se debe reservar con antelación, aunque nos ofrecieron la posibilidad de hacerlo sin la imprescindible reserva previa. La carta no es muy larga pero está sujeta a cambios muy a menudo. Finalmente, hay un largo listado de platos del día realizados en función de los productos y de la iniciativa del chef.

En la carta se notan los orígenes de Fabio en platos como la fregula sarda a la marinera, los roscones artesanos de carrillera de cerdo, los espaguetis con erizo de mar o el tiramisú. Ni que decir tiene, los platos de pasta eran una maravilla. Optamos por escoger algunos platos de la carta y algunos de la lista de platos del día. Para beber escogimos un vino tinto de media crianza. El Albahra 2017 de la DO La Mancha de la bodega Envinate. Un vino monovarietal de garnacha tinta fermentado y criado, siete meses, en depósitos de hormigón. El resultado es un vino fresco, mineral, alegre y muy fácil de beber.

agreste Albahra 2017 de la DO la Manxa de la bodega Envinate

Con el vino y el agua en la mesa empezaron a servir los platos que pedimos. El gazpacho con remolacha, hierbas y flores del huerto, un plato muy colorido y bien presentado, pero con un preponderante sabor de tomate alejándose de los gazpachos potentes y sabrosos del sur de España. Seguidamente, el bulbo de hinojo cocido a baja temperatura con alga wakame macerada en salsa de soja, una creación poco lucida en el plato pero sorprendente en aromas y en boca.

agreste bulb de fonoll cuit a baixa temperatura amb alga wakame macerada en salsa de soja
agreste gaspatxo amb remolatxa i herbes i flors de l’hort

Continuamos con unos espaguetis de erizo de mar y unos tortellinis artesanos rellenos de careta de cerdo. Dos platos de pasta donde se destaca la influencia italiana del restaurante. Ambos realizados con pasta artesanal, sugerentes, delicados y en el punto perfecto de cocción. Los primeros con un profundo sabor a mar impuesto por los huevos de erizo de mar y los segundos con un relleno de la carne melosa de la carrilera acompañados del sabor del queso parmesano fundido. Dos platos de sabores potentes donde se nota la mano del chef y que te transportan a tierras italianas por el buen trato dispensado a la pasta. En las antípodas de lo que te sirven en mucho lugares de Barcelona.

agreste espaguetis de garoina
agreste tortellinis artesans farcits de galta de porc

A continuación dos platos de pescado. El lomo de bacalao cocinado a baja temperatura con salsa de pescado y pimiento. Un corte de bacalao meloso, ligero, el punto de sal y bueno, muy bueno. Y la parpatana de atún rojo a la brasa, con escalona a la sal, tupinamba y lechuga de mar. La parpatana es un corte del final de la ventresca que rodea la boca del pescado por la parte de abajo. Es un corte muy suculento, con mucho sabor y con textura similar a las cocochas. Su aspecto no es muy atractivo, pero el sabor y textura es espectacular. El corte que nos sirvieron estaba crujiente por los bordes, y con todo el sabor y jugosidad concentrado en la carne que había quedado sellada por la cocción de las brasas. Espectacular!

agreste  la parpatana de tonyina vermella a la brasa, amb escalona a la sal, tupinambo i enciam de mar.
agreste  bacallà cuinat a baixa temperatura amb salsa de peix i pebrot

Los dos últimos platos salados fueron de carne, concretamente de casquería. Para empezar unas mollejas de ternera con verduras. Un plato que no puede fracasar si se aprecia la casquería. Para finalizar, nos trajeron el tuétano con tartar de ternera de Girona aromatizado con romero. Una presentación espectacular, muy prehistórica y una combinación perfecta de sabores, donde se mezcla en la boca la grasa del tuétano y la textura de la carne. Este plato ya lo había comido en el Restaurante Suculent de la Rambla del Raval en Barcelona.

agreste  el moll de l’os amb tàrtar de vedella de Girona aromatitzat amb romaní
agreste lletons de vedella amb verdures
En alguna ocasión le he preguntado a algún cocinero sobre el tema de la propiedad intelectual de sus platos. Muchos dicen que no les importa que los copien o se inspiren en platos que han creado, no deja de ser un reconocimiento. Lo que si expresan es que, no estaría de más que en las cartas se mencionara al creador del plato, en qué cocinero está inspirada aquella creación gastronómica. Parece una buena idea apostar por la mención en la carta para hacer público el reconocimiento que implica copiar o inspirarse en un plato ya realizado. De postre pedimos los tres que ofrecia la carta. Un pastel de boniato con helado de pan y helado de chocolate; un pastel de limón ahumado, aceite de oliva, escamas de sal y helado de merengue; y un tiramisú. Postres creativos, helados impecables, los pasteles fantásticos y un tiramisú que, dado el origen del cocinero, nos decepcionó un punto. Un buen final para una experiencia gratamente sorprendente.
agreste pastis de moniato amb gelat de pa i gelat de xocolata; un pastis de llimona fumada, oli d’oliva, escames de sal i gelat de merengue; un tiramisú

Es un restaurante sencillo y personal, alejado de los focos, con una propuesta muy atractiva. No tardaré mucho en ir para pedir el menú degustación y dejarme llevar por lo que le apetezca al chef. Es de esos lugares que se ha hecho un espacio trabajando duro, con humildad y con las ideas muy claras. De esta forma han conseguido una clientela fija, de la misma gente del barrio, de los que obtienen el reconocimiento y apoyo. Si te dejas caer podrás saborear buena cocina de mercado realizada con respeto al producto y con vigilancia del origen ecológico de la materia prima. Os recomiendo la visita para poder disfrutar de un lugar diferenciado.